Recopilación de poesías del libro "Eses de cristal", escritos entre 2002 y 2003. Registro de la propiedad intelectual nº M-003579/2006 |


AMORES DE CEBOLLA
1
Podría ser suficiente
pero el deseo se extiende
a los lugares por los que hondo
se respira
la mano que mece
y protege
respira, hondo se
extiende hacia los rincones
que nos mantuvieron en secreto
deseo
poder bajar
romper la esquina
que hace su piel
sentir bajo ella
porque ella respira
protege
siente
romper tu esquina
respirar hondo
2
Febril, que tuerce
y roce
y fuelle
y roce
el
sabor a ti
es
sabor de ti
que tuerce,
febril
3
Balas, balas
más balas
(me gusta comer rajas de sandia)
fiebre, mi fiebre que une
y tuerce.
Parezco arrastrado, inevitablemente,
enfebrecido disparado hacia ti
y más balas
y más fiebre.
Balas, balas
4
Perdidamente hallado
en el ojo
perdices de reclamo
5
Quiero
decirte de una vez
Por
Que
Quiero
decírte tantas veces
Te
Quiero

VALLE DE ARENA (SE LE APARECEN LOBOS TRAS LAS ZARZAS AL PASTOR)
Podría explotar justo como pompas de jabón
en mis manos rotas de tanto aire.
Rozarían
por sus muslos marfileos (carne carne)
de cálida ternura que rompe y explota corazón querido robado
tus pecas, no creas
que no me di cuenta
mi amorcito querido (pan de azúcar, tus labios son pan de azúcar,
o no, no son pan de azúcar,
son fresas, son frambuesas y frambuesas en línea vertical.
Tus labios, querida
tus labios son como pan de azúcar)
cuando se abre el mar roto
tu sonrisa
azul azul que pequitas todas son como baldosas.
Camina (se ilumina)
tengo en mis manos la fe de un funambulista
y contra mis pies toda la gravedad de un planeta,
tus pecas generosas,
no creas que no lo advertí,
tus pecas generosas
algunas caprichosas
por toda tu luminosa carita hermosa que brilla en boca de lobos.
Simpática, tu risa parece de fresa (tus labios son pan de azúcar)
y refresca, mi día que se ilumina...
¿no te lo crees verdad, chiquitilla?
Mi redonda de oro,
mi redonda y blanca (marfilea)
de oro.
Hablas de mañana y hoy yo quiero pellizcarte y reírnos
tan solo por eso, y de todo ¿no?
y sin nada de risas ¿verdad?
Y me hablas de mañana, me hablas de mañana,
y hoy es que comería frambuesas, y panes de azúcar, pecas y más pecas,
tu nerviosilla boca de fresa
que te veía ofrecer, porque eso harías ¿no?
mi pequeña redonda.
Y es que amar es tan cercano como decirte hola.
Hablar de mañana produce inseguridad y mata el deseo,
y volver al mismo sitio da rabia.
Otro mas, por otro bien distinto podemos volver para no llegar a ninguna parte
que no sea volver a dar vueltas al mismo sitio
pero por otro bien distinto y que desconocemos
(podríamos desintegrar todos nuestros átomos para que bailen la danza de la expansión eterna del universo que se mueve)
yo diría que algo guardamos (o aguardamos)
bien en secreto, nerviosos, impacientes,
una leyenda de valles de arena en la cual todo se vendría abajo por tocar
y hablar sobre (bucle.)
Pero deseamos tocar aunque se caiga, lo deseo,
soy solo, tan solo un deseo de hablar y hablar a gritos
y cuantos más grandes y escandalosos sean
más fácil sabrá quien no sabe
que mi deseo es
“valle de arena que da miedo tocar y que toco porque deseo caer con ella”,
que toco, me extiendo como la mantequilla tocando,
porque es mi deseo tocar aunque se caiga abajo..
”arena que se cae al tocar”...
aunque se caiga, deseamos que se venga abajo con todas nuestras fuerzas
sin querer caer, pero amor, vamos a caer
los dos, como arena.

NARRACIONES BREVES (2004)

1
Era Sábado y en días Sábado Teresa buscaba grandes tesoros perdidos en los contenedores de basura, quizás delicadas piezas de decoración, quizás útiles diarios, quizás el mas detallista de los regalos: “puede ser” pensó ella, al despegar de restos de comida, envuelto en ceniza, un gracioso pato de goma amarillo “éste le gustará a mi Luisito”. Los días Domingo Teresa tenía por costumbre visitar a su hermana; aunque ésta era hasta trece años menor si había logrado encontrar el amor y fundar un cómodo hogar junto a su esposo y su bebé. “Toma mi amor, un juguete para ti” le decía mimosa Teresa a su sobrino, mientras le colocaba entre sus bracitos un gracioso pato de goma amarillo.
El día Lunes Teresa recibía de madrugada una llamada de su hermana, y lloraba nerviosa: “Luis está ingresado, muy malito, dicen que tiene una infección en el estomago” balbuceaba, juntando las palabras. Teresa guardó unos segundos de silencio antes de contestar lo espantada que se encontraba por la noticia, pues sintió cierta vergüenza por haberse dado cuenta que esgrimía una sonrisa de cierta satisfacción.

2
En las cuadras, lejos de ruidos y siendo discretos, los muchachos del pueblo montaban grandes juergas de alcohol; no era un sitio agradable para aquellos fines, pero al final sacaban partido al lugar durante las borracheras, espantando a las gallinas sueltas, montándose encima de los corderos, quemando a los cerdos con mecheros, dando patadas a los perros que se acercaban al lugar; una vez hicieron tambalear a una vaca haciéndole beberse un botellín de cerveza, lo cual causó una sesión de crecidas carcajadas entre todos. En una ocasión una chica del pueblo los acompañó a todos en su fiesta; una de las yeguas cagó una enorme mierda, y uno de los que se encontraba más borracho se acercó, bajó sus pantalones y se masturbó encima del excremento, hasta empaparlo con su esperma. Cuando terminó se dio la vuelta y la chica vomitaba mientras el resto bajaba la mirada al suelo en silencio.

3
Espero el autobús en la parada, frente a mí hay un paso de peatones. Un coche, calculo que a unos 25 Km./h reduce su velocidad hasta detenerse junto al paso. Una anciana cruza, pero muy lentamente, parece que se detuviera a observar el coche, a su ocupante, pero no lo hace, no mira, sólo trata de caminar. Supera el paso y ya se encuentra en la otra acera. El coche vuelve a ponerse en marcha. Catorce segundos. El autobús aún no ha llegado.

4
Al buscar los importantes papeles que se cayeron bajo la mesa, Joaquín, con la camisa remangada a causa del muy reciente y sofocante calor que se venía sufriendo con la llegada de un verano cambiado de fechas, notó una mancha cerca de su muñeca derecha. Era la segunda vez que veía el melanoma. Al recoger los papeles, Joaquín retomó el trabajo que se acumulaba hacía días en la gestoría.

5
Él había decidido que pasaran sus bodas de plata en el lugar donde se enamoraron. Pasaron la primera noche en un hostal decorado a modo rural. Ella fue la primera en levantarse a primera hora de la mañana, y despertó a su marido al cerrar la puerta del baño; mientras se duchaba, él abrió la ventana y disfrutó con el fresco que venía, y encendió su primer cigarrillo mientras observaba la bruma mañanera en las calles del pueblo. Al terminar de fumar volvió su mirada hacia la cama. Su lado, el derecho, estaba completamente deshecho, mientras que el de ella estaba casi como se lo encontró la noche anterior. Desde fuera del baño se escuchó el sonido de la ducha al abrirse.

6 (LA CAIDA DE RAMONA)
Eran las nueve y cuarto de la mañana; Ramona fregaba el salón de su casa; un tanto torpemente y por culpa del suelo resbaladizo cayó redonda, haciendo un trompo tan extraño y aparatoso que de tanta sorpresa e incredulidad tardó tiempo en sentir el gran dolor que sufría, y un poco más en darse cuenta de que no se podía mover de forma alguna. No sabía bien en cuantos pedacitos habría podido quedársele la cadera, pero la notaba como si fuera unas maracas. Los primeros instantes fueron para ella de lágrimas y maldiciones a la mala suerte y palabras agrias a gritos, insultos sobre su persona y golpes duros contra el suelo, por ni poder llegar cerca del cubo, para darle el puñetazo que tanto se merecía. Pasaron cerca de dos horas desde la caída cuando decidió que no debía intentar moverse más, había un dolor distinto que se sumaba al que ya padecía al impulsar su cuerpo quieto lejos de donde se encontraba. Pronto comenzó a lamentar no haber metido en el bolsillo de su mandil el mechero que se dejó en la cocina; tenía en su mano un paquete de tabaco casi entero, sólo fumó tres cigarro desde que lo abrió, después de desayunar, y comenzó a sentir ya cierto apetito al recordar éste, aunque no eran sus horas propias para comer, ni mucho menos, y cuando estas llegaron comenzó a cantar canciones que siempre pinchaban constantemente en la radio, y entonces hechó en falta no haberla encendido, con la compañía que le habría hecho en esas circunstancias. Observaba como nuevos los objetos que decoraban el salón, los muebles, las plantas, los cuadros, el retrato de familia, en la que aparecía ella junto a su marido y sus tres hijos, ya mayores y lejos del nido, aunque en la foto eran prácticamente niños los tres. Ramona rompió a llorar cuando ya no soportaba más las ganas y se orinó encima. Sentía mucha vergüenza al imaginar la cara que pondría su marido cuando la encontrase en ese estado. Llamaron al teléfono y ella sonrió ironicamente y se despidio con la mano cuando éste dejó de sonar. Recordó una discusión que tuvo con su hermana hacía años por un problema que pensaba que aún no se había resuelto, y al cabo de unos minutos comenzó a romper algunos cigarros y llenar de tabaco sus manos, extenderlo por las palmas como la mantequilla en las tostadas, y al verlo de esa forma quiso probar su sabor y se lo llevó a la boca. Sobre las cinco menos veinte ya se había comido así tres cigarros, por pura rabia y de tanta hambre, y el teléfono volvió a sonar dos veces más. Se tocaba la zona malherida para sentir leves pinchazos, en cierta medida podia disfrutar tocando de la forma precisa en el sitio apropiado, pero los gustosos pinchazos parecian quedarse de manera permanente despues de un buen rato con el juego, así que paró de golpe y se arrepintió cuando el dolor iba gradualmente aumentando. A las seis y media de la tarde los quejidos eran cada vez mas amargos y envueltos de lágrimas, tenía mucha hambre y quería orinar otra vez. La tarde comenzaba a caer y las llamadas telefónicas eran mas frecuentes, se dijo a si misma que debia tratarse de su marido que se retrasaba, pues ya hacía una hora y media que tuvo que volver de su nuevo trabajo, del cual protestaba habitualmente por lo alejado que estaba de su casa, a una hora en coche, en un pueblucho perdido de la sierra; era Jueves y muchos Jueves se quedaba con algún amigo a tomarse un vermú en el bar de abajo, así que podría ser eso. La noche era ya cerrada, pero no estaba a oscuras gracias a la ventana que dejó abierta por la mañana, entraba algo de luz de las farolas de la calle, y venia de vez en cuando una brisa que aliviaba la suciedad que sentía en esos momentos. Ya no soportaba oír mas el machacante sonido del teléfono, pero no podía tirarle nada para que parase, ni siquiera una de sus zapatillas porque ni siquiera llegaba a ellas, aunque trató de hacerlo dos veces, con las terribles consecuencias que supuso para ella. Estaba agotada y sentía un pánico tremendo y la cara envuelta en lagrimas secas, no aparecía Luis, se preguntaba que podría estar haciendo, y pensó en él, recordó su boda y antes de que se casaran, cuando eran jóvenes y hacían el amor en la casa de sus padres las noches de verano. Dejó de escuchar el teléfono y se quedó dormida, y no se despertó cuando alguien llamó a la puerta de casa dando porrazos fuertes y nerviosos a la puerta, gastando el timbre hasta la extenuación.